7/5/09

El verdadero amor

Hola querida hija, en este momento tengo muy presente esto que quiero compartir contigo. El momento que Jesús estuvo en mi vientre y cuando nació. Fue un momento único porque era mi primer parto y porque era el, ese ser elevado y por eso podía confiar sin temer. Mi parte humana luchaba contra una gran incertidumbre que tenia que ver con la vida que tendría que enfrentar mi pequeño, pero mi alma estaba en paz, en plena comunión con Dios y con el, eso me estabilizaba. Ya se me había informado que mi hijo tenía una misión única y yo como su madre padecería de sus heridas y así fue. Siempre he sido consciente de lo que mi alma estaba eligiendo y sabia que la vida a partir de ese momento no me seria sencilla, aunque en aquellos tiempos nada era sencillo. Pero sabia que se avecinaban tiempo donde el apego que hay a los sentimientos e ideas sería lo que más sufrimiento me causaría ya que sabia que mi hijo estaría siempre conmigo.
Cuando mi alma me tomo por completo, en el momento que me entregue ese gran sufrimiento desapareció, no porque Jesús había resucitado, sino porque comprendí desde mi alma que estaríamos en conexión por siempre, estaríamos siempre cuidándonos.
Antes que Jesús decidiera venir a través de mi, ya había sido informada de cual era su misión y como haría para llevarla a cabo y acepté acompañarlo en este trayecto.
Lo que intento decirles es que sabía lo que sucedería y lo acepté, porque el amor es lo más supremo que existe y quería experimentar eso en mi última encarnación.
Una madre cuando acepta serlo, sea de quien fuere, acepta dar alegría, amistad, perseverancia y sobre todo amor incondicional. Y conocer este tipo de amor es lo más maravilloso que les puedo regalar.
Comprendo que cada vez que una semilla nace, vienen con ella miedos y esto sucede siempre, en mayor o menor medida, el ser humano siempre encontrará algo a que temer y mucho más tratándose de un hijo. Pero si son conscientes que el amor es lo único que importa en cualquier dimensión en la que estemos y si son capaces de sentir el amor sin el apego comprenderán lo que les muestro como amor incondicional.
Esto es más grande que dar amor y recibir lo mismo, es mayor que el simple recaudo de no lastimar al otro y no es en absoluto vivir para el otro.
El amor incondicional es poder sentirse feliz simplemente con el hecho de sentir ese amor en uno mismo, por otra u otras personas.
Te agradezco Luz, que pongas estas palabras para compartir, porque es muy importante que todos comiencen a pensarse y verse desde ahí. Pero necesito aclarar que este amor, yo en un primer momento lo experimente por mi hijo y luego por todo ser que exista. No es necesario tener un hijo para experimentarlo, aunque en la manera y medida que gran parte de la humanidad puede sentir el amor incondicional comienza por allí.
Sería ideal que ustedes puedan enseñarles a sus hijos este tipo de amor desde pequeños, para que sea el amor lo que mueva al mundo y no las disputas de poder.
Esto puede hacerse, solo hay que amarse incondicionalmente a uno mismo, para poder amar a otros.
Gracias, Luz!

No hay comentarios:

Publicar un comentario